El mejoramiento del terreno comprende un conjunto de técnicas geotécnicas diseñadas para incrementar la capacidad portante, reducir los asentamientos y mitigar los riesgos de licuefacción en suelos que, en su estado natural, no ofrecen las garantías suficientes para soportar las cargas de una edificación o infraestructura. En Bilbao, esta categoría de intervenciones es especialmente relevante debido a la complejidad de su subsuelo, donde la transición entre los materiales aluviales de la Ría, los limos y las formaciones rocosas del flysch genera frecuentes discontinuidades y zonas de baja competencia. Abordar un proyecto sin una campaña de reconocimiento y un diseño de mejora adaptado puede derivar en patologías estructurales severas, sobrecostes y retrasos inasumibles.
La geología local está marcada por la presencia de depósitos cuaternarios asociados a la dinámica fluvial y estuarina del Nervión. Estos materiales blandos, saturados y con alto contenido en finos se extienden bajo buena parte del ensanche y los antiguos terrenos industriales ahora en reconversión. A ello se suma la orografía abrupta de laderas con coluviones y rellenos antrópicos heterogéneos, legado del pasado minero y siderúrgico. En este contexto, soluciones como el diseño de columnas de grava o la vibrocompactación permiten tratar el terreno en profundidad, creando un macizo de comportamiento homogéneo y drenado que evita la acumulación de presiones intersticiales.

La aplicación de estas técnicas está regulada por la normativa española, principalmente el Código Estructural y el Documento Básico SE-C del Código Técnico de la Edificación, que establecen los coeficientes de seguridad y los criterios de verificación para los estados límite. Para el control de ejecución es indispensable la norma UNE-EN 14731 sobre mejora del terreno por vibración profunda. Además, en la Comunidad Autónoma del País Vasco deben considerarse los requerimientos de la Agencia Vasca del Agua cuando las actuaciones afectan al dominio público hidráulico o a las masas de agua subterránea, un aspecto crítico al ejecutar diseño de inyecciones de baja movilidad.
Los proyectos que demandan estas intervenciones son variados: desde la cimentación de torres residenciales en Abandoibarra y la ampliación de infraestructuras portuarias, hasta la estabilización de taludes en accesos viarios como la Solución Sur de Bilbao. Las naves logísticas y centros comerciales sobre los antiguos suelos de marisma también recurren de manera sistemática a la mejora del terreno para cimentar losas de grandes dimensiones sin juntas. En definitiva, la correcta selección y dimensionamiento de la técnica de mejora constituye la base sobre la que se asienta la viabilidad técnica y económica de la obra.
La mejora del terreno trata el suelo in situ para que el macizo completo adquiera las propiedades requeridas, trabajando como un material compuesto. En cambio, los pilotes transmiten las cargas a estratos profundos competentes sorteando las capas blandas. La primera suele optimizar plazos y costes en grandes superficies cuando el sustrato resistente es muy profundo.
Principalmente mitigan el riesgo de licuefacción en arenas limosas saturadas bajo sismo, reducen asentamientos totales y diferenciales inadmisibles en estructuras sensibles, y estabilizan taludes o excavaciones en suelos blandos. También permiten controlar el flujo de agua subterránea, un problema recurrente en los muelles y márgenes de la Ría.
Sí, es un requisito normativo ineludible según el Código Técnico de la Edificación. La campaña debe incluir sondeos con ensayos SPT, penetrómetros dinámicos o estáticos y análisis de laboratorio para caracterizar la estratigrafía, la resistencia al corte sin drenaje y la granulometría, datos esenciales para validar cualquier modelo de mejora.
De forma determinante, ya que la mayoría de los suelos a mejorar están bajo el nivel freático. Técnicas como las columnas de grava o la vibrocompactación son idóneas en estos entornos saturados porque drenan el terreno durante el tratamiento, mientras que las inyecciones químicas requieren un control riguroso para evitar la dispersión del producto.