En Bilbao, muchas veces vemos que el terreno de laderas y colinas presenta una mezcla de arcillas, limos y rellenos antrópicos fruto de la expansión urbana del siglo XX. Las lluvias frecuentes de la cornisa cantábrica saturan el suelo y disparan las presiones intersticiales. Por eso cualquier obra en ladera o terraplén necesita un análisis de estabilidad de taludes que considere tanto la geometría real como la hidrología local. Nuestro equipo aplica métodos de equilibrio límite (Bishop, Spencer, Morgenstern-Price) y modelación por elementos finitos cuando la complejidad del macizo lo exige.

La saturación por lluvia en el País Vasco puede reducir la resistencia al corte de un talud arcilloso hasta un 40% en pocas horas.